Culpables
Se marchó repentina, ciega y rota. Yo imaginé sus manos frías, a golpe de latido, quebrando el aire de la madrugada, grabando surcos de olvido en un ángulo absurdo y opuesto a lo real.
Las veredas de cuanto está ya premeditado se quebraron entonces. Fue una excepción y punto. Una excepción. Era preciosa y tuvo que marcharse, tan repentina y rota, como digo.
Sé también que no hubo jamás quien la escuchara, que todos la empujamos un poco, algunos demasiado, pero todos. Las huellas desde entonces trascienden el asfalto, inundando mis vísceras irreversiblemente. No hay una vuelta atrás en el camino, ni voces que se coman este silencio absurdo.
Únicamente eternos, pétreos arcángeles de mirada vacía, velando por la nada que se va haciendo tierra. Y una memoria hueca y fragmentada, que se ensucia sólo con pensarla.
Las veredas de cuanto está ya premeditado se quebraron entonces. Fue una excepción y punto. Una excepción. Era preciosa y tuvo que marcharse, tan repentina y rota, como digo.
Sé también que no hubo jamás quien la escuchara, que todos la empujamos un poco, algunos demasiado, pero todos. Las huellas desde entonces trascienden el asfalto, inundando mis vísceras irreversiblemente. No hay una vuelta atrás en el camino, ni voces que se coman este silencio absurdo.
Únicamente eternos, pétreos arcángeles de mirada vacía, velando por la nada que se va haciendo tierra. Y una memoria hueca y fragmentada, que se ensucia sólo con pensarla.