jueves, 15 de febrero de 2007
miércoles, 14 de febrero de 2007
viernes, 9 de febrero de 2007
Tuve que hacerlo
No me quedaba otra opción. Ella había mancillado mi honor, estaba escupiendo sobre mi amor inmenso cuando gritaba a horcajadas sobre él, con los ojos cerrados y el pelo sudoroso cayendo sobre sus hombros y su espalda. Después se había reído. Fue la gota que colmó el vaso de mi desesperanza. Sé perfectamente que reía, detrás de esa careta de pálida incomprensión, cuando empezó a entender que aquello no era un juego, que su amante -ya muerto- se desangraba despaciosamente, empapando las sábanas, el colchón y, finalmente, las zapatillas a cuadros que había junto a la cama. Del cuchillo ya sólo era visible una pequeña parte del mango de madera. El resto separaba en dos partes iguales el corazón inmóvil de aquel hijo de puta. Al menos así lo visualizaba yo. Y no sentía culpa alguna: estábamos en paz. Un corazón rajado por otro hecho pedazos.
El sonido de las gotas sobre el parqué pareció extraerla de su pétreo estado. Movió los ojos nerviosamente, de aquel cuerpo desnudo a mi, y vuelta de nuevo, en un bucle que parecía no tener final. Fue entonces cuando descubrí que estaba comparando, que ante aquel sexo inerte, el mío le parecería pequeño, inútil. Sí, lo vi claro. Ella le prefería por un motivo tan sucio, tan egoísta, tan malvado.
Tuve que hacerlo. No me quedaba otra opción.
El sonido de las gotas sobre el parqué pareció extraerla de su pétreo estado. Movió los ojos nerviosamente, de aquel cuerpo desnudo a mi, y vuelta de nuevo, en un bucle que parecía no tener final. Fue entonces cuando descubrí que estaba comparando, que ante aquel sexo inerte, el mío le parecería pequeño, inútil. Sí, lo vi claro. Ella le prefería por un motivo tan sucio, tan egoísta, tan malvado.
Tuve que hacerlo. No me quedaba otra opción.
Garabateado por el simio en tu armario cuando el reloj marcaba las 14:12 Guardado en el cajón El simio en tu armario
viernes, 2 de febrero de 2007
Sí, definitivamente hablo tantos idiomas que ni yo misma me entiendo. Me reitero en las formas, en los fondos y en las intenciones.
Me siento muy cansada y quiero bostezar y dormirme al pie de la parra que hay en el camino. Dar un par de bocados al racimo y dejarme llevar plácidamente hasta que caiga el sol. Y luego caminar.
Me siento muy cansada y quiero bostezar y dormirme al pie de la parra que hay en el camino. Dar un par de bocados al racimo y dejarme llevar plácidamente hasta que caiga el sol. Y luego caminar.
Sola. A oscuras. Silenciosa.
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